El archivo fotográfico como valor rentable

El documento fotográfico tiene cada vez una mayor influencia en la sociedad actual. Su valor patrimonial, científico e informativo es indiscutible: “No existe casi ninguna actividad humana que no la utilice, -desde la ciencia a la industria, del arte al tiempo libre-y también en el mundo de la información y la comunicación -el periodismo-. Las fotografías pueden examinarse como documentos que constituyen una cultura y actúan como un elemento importante de una colectividad” [1].

Con la revolución tecnológica digital la centralidad y la extensión de la imagen fija se incrementan todavía más, incorporando nuevos usos y modificando pautas de consumo. La irrupción y popularización de la World Wide Web acentúa esta tendencia. Hay por tanto una demanda y un consumo y es, en este contexto, dónde una buena explotación de fondos y colecciones fotográficas supone un elemento diferencial y una ventaja competitiva para las instituciones y las organizaciones.

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Archivo y Fotografía es un binomio que, bien sumado, aporta un potente valor añadido social, cultural y económico a cualquier organización. Para que dicha ecuación resulte es importante comprender que la “gestión y divulgación del patrimonio documental, y en consecuencia de los archivos, no debe considerarse como un hecho aislado sino que debe llevarse a cabo considerando diferentes aspectos y estrategias que permitan la mayor rentabilización (social, cultural y si es el caso económica) de aquellas iniciativas que se planteen” [2]. Para potenciar su rentabilidad, el archivo fotográfico no debería ser un ente restringido y aislado sino un activo a considerar en la realización de las estrategias de la organización. La preservación y conservación en sí misma no tiene ningún valor si, de alguna forma, no revierte provechosamente en la organización o en la sociedad. En este sentido, no debe ser solo reactivo sino que debe también proponer, es decir: sobrepasar su propio espacio y visibilizarse “ya sea respondiendo a demandas de información concretas o participando en la configuración de  políticas de difusión dónde la imagen tenga un papel destacado.” [3] En este sentido, el archivo ha de ser reactivo también proactivo. Debe evitar convertirse en un lugar reducido a la protección patrimonial y tender hacia un espacio vivo y dinámico dónde las imágenes fluyan y se expandan. El archivo debe ser capaz de plantear o acompañar diferentes estrategias de gestión y divulgación del fondo documental. Algunas posibilidades serían detectar carencias visuales, proponer reportajes, exposiciones, mesas redondas, publicaciones, conferencias, proyecciones, entre otros muchos aspectos.

Es interesante, destacar la experiencia del Archivo de la Fundación Sierra Pambley que ha llevado a cabo un plan de marketing de los fondos basado en tres pilares: difundir, comunicar y dinamizar. El proyecto ha obtenido unos resultados muy positivos de los que destacamos: un aumento del 40% de los usuarios, un incremento de las publicaciones sobre fondos del Archivo y una visualización del Archivo y de la Fundación, mejorando la comunicación, fidelizando y consiguiendo espacios en los medios de comunicación de masas [4]. Como señala Maria-Josep, todo esto es el resultado lógico de una sistemática de trabajo: “se ha investigado, se ha catalogado, se ha conservado y, finalmente, se difunde” [5]. Otro proyecto interesante sería el del Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS) que concibió un programa de difusión cultural que contemplaba al “gran público” y estaba basado en la actividad formativa, la mejora de la relación con los usuarios, una serie de exposiciones y publicaciones y un conjunto de planes en marcha de los que subrayamos su apuesta por los entornos digitales y la labor de recuperación de patrimonio fotográfico [6].

Una buena gestión de las fotografías de una organización implica una mejora de la imagen de la institución, asegura la conservación de su patrimonio visual, la dota de una mayor transparencia, proximidad y autenticidad y además potencia y facilita los diferentes tipos de comunicaciones ya sea como herramienta de soporte o como elemento protagonista. En las empresas de comunicación es todavía más evidente. Eulàlia Fuentes nos advierte que “un archivo de fotografías bien organizado es una ventaja editorial muy útil para el medio de comunicación y una fuente de ingresos y la clave de la eficacia del archivo radica en el sistema de almacenamiento”. (7) A pesar de la necesaria inversión inicial, la disposición de un archivo supone también un ahorro considerable y, en algunos casos, puede significar una importante entrada de dinero, desde su uso en acciones de marketing a la obtención de subvenciones a raíz de la presentación de proyectos ilustrados. Pero la inversión en archivo, no es sólo rentable y útil a nivel monetario sino también a nivel cualitativo ya que al usar fotografías de la organización, se gana en trasparencia, en sensibilización y en fidelización del cliente. El hecho de trabajar con imágenes de un fondo propio, refuerza la marca y la trayectoria de la empresa que ya forma parte de la historia de un barrio, de un municipio, de una comunidad o de un país

Finalmente y en esta línea de expansión, hay que saber explotar los recursos disponibles y adaptar la realidad del archivo a los nuevos escenarios tecnológicos, valorando las potencialidades que ofrecen las nuevas plataformas de difusión 2.0 y entrando en los debates sobre hacia dónde se encamina el archivo y la imagen digital. Los estándares de metadatos, el hardware de preservación, la fotografía en la nube, el software de gestión, el posicionamiento web, la gestión de color, la digitalización y otros muchos aspectos, requieren de nuevos perfiles con formación técnica, académica y profesional. Una gestión especializada en imagen fija, capaz de abordar proyectos de grandes fondos y colecciones fotográficas con criterios archivísticos, documentales pero también fotográficos y visuales, debe abanderar la puesta en valor social, cultural y económico del documento gráfico.

Notas

[1] Fuentes, Eulàlia. “¿En periodismo también una imagen vale mas que mil palabras?” [en línea]. Hipertext.net, núm. 1, 2003. <http://www.upf.edu/hipertextnet/numero-1/imagenes.html > [Consulta: 20.06.2012].
[2] Boadas, Joan, “Los archivos: estrategias de dinamización”. En Biblios: Revista electrónica de bibliotecología, archivología y museología, num. 10, 2001, p. 1.
[3] Alonso, Juan, “Conservación y difusión de imágenes en el Tercer Sector: la documentación fotográfica en la Fundación Vicente Ferrer” [en línea], en Curso de verano sobre ‘La custodia de la memoria de las instituciones sin ánimo de lucro: ¿cómo organizar el archivo?’. Pamplona, 2012, p. 2. <http://hdl.handle.net/10171/23137> [Consulta: 17.06.2013].
[4] González, Javier, “La difusión archivística en una institución privada sin ánimo de lucro: el Archivo de la Fundación Sierra Pambley”, en XIII Jornadas Españolas de Documentación FESABID’13. Toledo, 2013, p. 232.
[5] Mulet, Maria-Josep, “El acceso a la información sobre patrimonio fotográfico en el estado español”, en Revista Latente, núm. 5, 2007, p. 60
[6] Alonso, Manuela “La dimensión social y cultural de los archivos de imágenes. La experiencia del Centro de Documentación de la Imagen de Santander”. En Revista d’Arxius, núm. 7, 2006, pp. 51-68.
[7] Fuentes. Ibid.



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