La triple crisis del sector fotográfico

El negocio fotográfico tradicional, es decir, aquel basado en una economía que giraba entorno a la naturaleza analógica de la fotografía, se ha visto sacudido por una triple crisis. En primer lugar y a nivel general, hay un contexto socioeconómico marcado por una grave crisis financiera y económica que ha comportado una caída del consumo, de la producción, recortes presupuestarios y unos niveles de desempleo históricos. Esta crisis ha afectado a muchos sectores profesionales, entre ellos, también a la gestión de documentos y la archivística.

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Retrato de estudio de las dependientas de la galería Foto Lux. Ajuntament de Girona. CRDI (Foto Lux, 1929)

En segundo lugar, podemos hablar de una pérdida de prestigio social de la profesión que lleva aparejada un consecuente descenso de las tarifas profesionales. Pepe Baeza, desde el ámbito fotoperiodístico, habla crudamente de trivialización del uso de la fotografía, “desapego hacia lo visual” y de un “exceso de imágenes banales” que “perjudica mucho más a la comunicación visual que su ausencia” [1]. También, hay un claro dominio del mercado mundial por parte de las grandes agencias de información y los bancosde imágenes que agravan esta situación. Hay que añadir que el debate que cuestiona la veracidad de las fotografías también tuvo consecuencias. Ribalta nos recuerda como este antagonismo genera una lucha por la hegemonía cultural que hace que “los viejos [fotógrafos] profesionales se ven relegados a una suerte de clase trabajadora frente a la emergencia de la joven clase dirigente de los artistas” (2). Si todo esto lo situamos en un contexto de gran democratización y masificación de la producción y consumo de la fotografía, comprendemos que la profesión se vea ante la necesidad de reubicarse en un nuevo escenario económico.

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En 1888, Eastman creó la firma Kodak y comercializó la primera cámara con este nombre, encargándose de todo el proceso con un lema ya famoso: “Usted aprieta el botón y Kodak hace lo demás”. [4]

Por otro lado, si consideramos el snapshot de George Eastman como una primera gran revolución visual en el sentido que democratiza el acceso a la producción fotográfica [3], dicha extensión social se multiplica con la aparición de la tecnología digital. La amplia propagación de lo digital se debe fundamentalmente a un conjunto de procesos paralelos que se vienen dando desde mediados de los años ochenta y que Antonio Hernández resume en tres: aparición de procesadores cada vez más rápidos, aceptación de entornos gráficos y programas intuitivos y la reducción del coste de los equipos informáticos [5]. Esta irrupción significaría la tercera gran crisis de la fotografía. El píxel cambia radicalmente el escenario del negocio fotográfico tradicional, tal y como se concebía anteriormente: revelado, copias, marcos, álbumes, carretes, papel de revelado, entre otros. El sector se ve ante la necesidad de adaptarse y reestructurarse. A nivel de usuario se produce una migración digital hacia un espacio de fuertes y regulares inversiones tecnológicas (software, discos duros, tarjetas de memoria, monitores, procesadores y RAM cada vez más potentes) y se mantienen las ventas de cámaras fotográficas, ahora digitales pero, cada vez, más afectadas por la competencia de dispositivos móviles más pequeños y con una creciente calidad óptica como el móvil o la tableta. En los sectores y mercados asociados al negocio fotográfico, las cifras hablan por sí mismas a la hora de mostrar las consecuencias de la fotografía digital. En 2004 Agfa-Gevaert anuncia que abandona el negocio de películas y papeles fotográficos. Ese mismo año Leica cierra su ejercicio anual con unas pérdidas de 12,8 millones de euros y Kodak anuncia el cierre de sus laboratorios en España. En 2006 el gigante Nikon declara que no continuará fabricando productos de fotografía analógica. Canon y Konika Minolta siguen sus pasos. Recientemente, en 2014, Fotoprix ha anunciado su entrada en concurso de acreedores.

Los entornos digitales marcados por la inmediatez, el móvil, las redes sociales, el consumo rápido y la sobreproducción y saturación del documento, también juegan su papel. Se modifican formas de trabajo, de organización y de intercambio informativo. Se trabaja con FTP (File Transfer Protocol), cloud storage (almacenamiento en red) y/o cloud backup (servicios de backup remotos) y potentes software de edición, tratamiento y gestión de imágenes [7]. Se realizan investigaciones sobre indexación automática con grandes progresos en los programas de reconocimiento de formas y colores. La visión artificial, con aplicaciones como Google Goggles, la imagen generada por computadora (CGI) y la fotografía 3D son aspectos que también forman parte de un contexto más complejo, más competitivo y sobre todo, vertiginosamente cambiante.

En conclusión, el mercado de la fotografía, un ámbito relativamente estable y con buen margen de beneficio, se ha transformado radicalmente desde la última década del siglo XX. Los grandes fabricantes están centrando todos sus esfuerzos de investigación y desarrollo en el ámbito digital. La popularización de la tecnología digital, además de aumentar considerablemente la cantidad de imágenes existentes, ha dotado a la fotografía de un valor añadido derivado de su novedosa e increíble inmediatez. El proceso de edición fotográfico se ha trasladado del laboratorio analógico a un nuevo espacio digital, marcado por el uso del ordenador y el software de edición. En definitiva, la crisis económica, la pérdida de valor de la imagen de calidad y la fotografía digital, han convulsionado un sector que está mutando muy rápidamente, buscando nuevas oportunidades de negocio.

Notas
[1] Baeza, Pepe. Por una función crítica de la fotografía de prensa. Barcelona: Gustavo Gili, 2007, p. 60.
[2] Ribalta, Jorge “Joan Fontcuberta como historiador de la fotografía española”. En: Joan Fontcuberta. Historias de la fotografía española: escritos 1977-2004. Barcelona: Gustavo Gili, 2008, p. 11.
[3] “En el año 1900 Kodak lanzó al mercado la cámara Brownie para aficionados, de fácil manejo por el empleo de rollos en lugar de placas de cristal. Costaba un dólar y tomaba seis vistas. La difusión fue tan amplia que se publicaron artículos alusivos al uso de la máquina en todos los sectores sociales”. Juan Sánchez Vigil. La documentación fotográfica en España: revista La Esfera (1914-1920). Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 1995, p. 33.
[4] Extraído de: Juan Sánchez Vigil. La documentación fotográfica en España: revista La Esfera (1914-1920). Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 1995, p. 33.
[5] Hernández Pérez, Antonio. “La fotografía digital”. En: Valle Gastaminza, Félix Del (ed.). Documentación fotográfica. Madrid: Síntesis, DL 1999, p. 205.
[6] María Soler Campillo. Estructura del sector fotográfico: un análisis de la actividad económica y de las empresas de fotografía en la Comunidad Valenciana. 2005 Autor. Tesi doctoral. ISBN: 84-690-1034-4. : TDX (tesis Doctorals en Xarxa), p. 56.
[7] Navas-Millán, Javier; Ruiz-Rodríguez, Antonio-Ángel. “Análisis y recomendaciones sobre software para archivos de imágenes.” En: El Profesional de la Información. v. 20, n. 4, p. 474.



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